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Condiciones
de visibilidad. Texto de las diapositivas
Podemos asegurar que fotografiar se ha convertido en uno de los rasgos
culturales más arraigados en la sociedad occidental. Pese a su
corta historia de vida, la fotografía se ha instaurado de un modo
tan omnipresente y constante en nuestras vidas, que resulta difícil
imaginar la existencia sin su compañía, así como
tomar conciencia del modo en que nos afecta su presencia y usos.
Hemos asimilado la acción de fotografiar como una característica
común más de los hombres.
Fotografiar se ha convertido en un nuevo mecanismo para entendernos en
el mundo, ya que constituye nuestro vínculo con realidades a las
que no tenemos acceso físico directo. Por otro lado, fotografiamos
nuestra propia existencia, como si tuviésemos que informarnos en
condiciones de otredad sobre lo que hicimos en un momento determinado,
documentando nuestra vida para que adquiera en el recuerdo la visibilidad
formal elegida.
Recordar
Cada persona es, pero entiende su vida respecto al recuerdo, a la relación
que establece con su identidad respecto al recuerdo. Recordamos para situarnos
en el mundo, para elaborar un relato coherente de nuestra historia, en
el cual educarnos, y posteriormente educar. Pensar el pasado nos hace
responsables de nuestra actualidad.
Mediante la acción habitual de fotografiar hemos delegado esta
responsabilidad en la imagen fija, para que sea esta el recipiente de
nuestro recuerdo.
Cerramos los procesos en su comienzo: al final lo importante puede ser
no tanto vivir, como elaborar una documentación, por falsa y manipulada
que ésta sea, de que nuestra vida fue buena, interesante, o cualquiera
de los adjetivos por los cuales nos hayamos decidido. Esta condición
afecta ya a nuestra forma de entender los propios hitos vitales (el viaje,
la boda, los hijos, la feliz familia, las navidades, etc...).
Se podrían diseñar los actos de nuestras vidas en función
de esta imagen técnica, que de nosotros elegimos quede para el
futuro, y de hecho así parecemos actuar cada vez con más
naturalidad. Es fácilmente perceptible hasta que punto esto se
ha interiorizado al observar la forma en que habitamos los lugares públicos,
como si nuestros gestos fueran una cuidadosa cadena de momentos susceptibles
de ser fotografiados. No deja de resultar paradójica esta naturalidad
de la pose fotográfica en nuestra cultura.
Si como parece aceptamos que la fotografía otorga estatuto de realidad
sincera a la vida que hemos posado para ella, cabría pensar que
carecemos de realidad y de vida si no hay constancia documental. Si perdemos
nuestras fotos es como si perdiéramos la memoria, nuestro pasado,
la parte de vida que ya gastamos.
Al darse nuestro recuerdo de esta forma, no necesitamos memoria histórica
ni coherencia con nuestro propio desarrollo vital. La imagen tomada fija
el pasado de manera irresponsable, un pasado que no necesita elaborarse,
está ahí, fuera de nosotros. ¿Cómo serían
nuestros actos si no se pudieran fijar gráficamente? ¿Seríamos
más responsables de ellos si no se pudieran fotografiar? ¿Estaría
nuestro vivir más orientado hacia el contenido de nuestro comportamiento
que hacia su forma?.
El pasado deja de ser como decía John Berger, algo que crece a
nuestro alrededor como una placenta para morir.
Hacemos un espectáculo y una mentira de nosotros mismos.
Saber
Cada persona es, pero entiende el mundo a través de lo que entiende
de él mismo, y de él mismo como parte del mundo, mediante
la información que le es accesible.
La información no es compatible con el consumo. Toda imagen en
un contexto mediático está integrada en un mecanismo que
consigue que formemos nuestras opiniones dirigidas a un estatismo de los
sistemas de poder. Si se nos da algo para que lo sepamos es porque es
interesante para quienes lo detentan que sea así.
El sesgo informativo hace que nunca podamos comprender lo que allí
sucede. Sabemos que sucede algo y que está lejos de nosotros, pero
no podemos integrar en nuestra mente los diferentes datos de la comunicación,
que son datos informativos aislados de un contexto local, histórico,
sentimental.
Hay que replantearse las condiciones de visibilidad del mundo, que nos
son ofrecidas como inmediatas y obvias, pero en tales condiciones de saturación
y sesgo informativo que es imposible tener la distancia para procesarlas.
Las noticias están hechas para que estemos informados, no para
que pensemos, reelaboremos y transformemos la realidad de las personas.
Se nos informa que los expertos ejecutan. Ellos saben. Una imagen ya no
tiene que hacer pensar, sino que tienes que poder decir que la has visto,
que has accedido a ella.
La imagen está circunscrita al intercambio, casi al soporte: es
una escena, como si en ella no hubiese personas sufriendo, ni espectáculos
ridículos, ni mentiras, como si nadie estuviese eligiendo el plano
y apretando el disparador, como si detrás del fotógrafo
no se multiplicase por mil el horror que retrata. El horror que nos es
perceptible se circunscribe a las cuatro esquinas de la fotografía,
no necesitamos más.
Lo que no se dice es lo que más significa. Debemos buscar lo que
no se dice en toda la información visual a la que accedemos cada
día. Los poderes de los medios de comunicación han utilizado
la saturación de la indolencia ciudadana ante las imágenes,
para que ya todo sea imagen, publicitaria o de otro tipo, pero que nunca
te haga pensar. La imagen puede conmoverte o moverte a comprar, pero nunca
a pensar como podrían ser las cosas.
Lo que pensamos es lo que somos, y lo que se nos da a pensar, la información,
se nos ofrece tan fragmentada que no nos sentimos capacitados para pensarla.
Ya no afectan las imágenes: las imágenes no duelen, la información
no duele (no alterar el desayuno del lector), la realidad no duele. Pero
la imagen sí dirige, sí condiciona, sí limita. Tanto
la imagen informativa como la publicitaria se eligen y producen en función
a unos criterios acerca de lo que debemos creer, opinar, comprar, vivir.
Generan los estilos de vida entre los cuales estas sutilmente limitado
a optar.
Cada asimilación de un pequeño rasgo de cualquiera de estos
estilos, te obliga a un compromiso con toda una serie de necesidades creadas
y preparadas con antelación para ti.
Hacen un espectáculo y una mentira de nuestra única vida
y de nuestro único mundo.
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