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El
libro de las palabras que se pierden. Prólogo
Estos
escritos son una forma humilde de fijar palabras que se pierden, que se
desgastan en nuestros oídos por el hábito de escucharlas,
aunque describan la vida de muchas personas hoy.
¿Qué supondría para nosotros, los que no necesitamos
pedir dinero a otros, hallarnos en la necesidad de construir un relato
de nuestra vida en unas pocas palabras, enumeración de señas
de nuestra identidad superviviente, condensación de nuestras vivencias
más arrasadoras? Y todo ello para conseguir que un público
saturado de tragedias (“¡Es que hay tantos!”), casi
molesto por el descaro de ser pobres, nos concediese legitimidad para
pedir y recibir dinero.
Ante la escucha o lectura de uno de estos discursos, la existencia ordinaria
del ciudadano se asoma a una posible causa de fractura, a un momento clave
que hace referencia directamente a las bases de dicha existencia que se
dan habitualmente por supuesto. La presencia de una persona, que mediante
un acto de comunicación pretende transmitirnos su situación
de desamparo, provoca una profunda interferencia entre nuestro impulso
moral a la solidaridad y el recuerdo de nuestros privilegios. Y no existe
persona privilegiada que no defienda su derecho respecto a ese privilegio,
en oposición a aquellas otras personas cuyo trabajo y desarrollo
vital no ha dado ese fruto.
Lo que se nos viene enseñando como habitual y psicológicamente
más seguro es que la reacción a este estímulo sea
la indolencia, puede que acompañada de una breve reflexión
sobre la incapacidad de uno para intervenir la realidad, para resignificarla.
Pero esta indolencia que se nos requiere es de carácter autorepresivo
y nos instala en la aceptación pasiva de un estado de cosas que
nos duele más allá de nuestra negación, impidiéndonos
construir alternativas a partir de nuestro dolor, mostrándose así
como la más estéril de las reacciones humanas.
Trabajar los fantasmas de nuestra realidad nos permite seguir creando
realidades potenciales que respondan a esos fantasmas. La distancia existente
entre “yo podría ser él” y quién realmente
soy puede ser un lugar a partir del cual comenzar dicha tarea.
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