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Queda poco para lo siguiente. Canción.

 

Queda poco para lo siguiente.
De cada uno y de todos depende lo que esto sea.
Si es o no es la glaciación,
el final de los bancos de peces,
el desierto que viene
y sea tu miedo.


¿Es esto lo que vamos a hacer?
¿Es todo este plástico el que vamos a dejar por aquí?
Esto a los niños traídos a la fuerza a los parques del primer mundo.
Agujas dentro de células.
Traídos a la fuerza a ver esto.
Traídos a lo insalubre.
Alergia.
Diesel.


Traicionados por lo que hemos hecho.
Hemos dejado de hacer.
Hemos dejado que hicieran.
El fin de la historia.
Y de ahí al fin de lo político.
Y de ahí al fin del mundo.
Literalmente.


Esto, esto y esto es lo que vamos a cambiar.
Señalando.
No nos queda mucho tiempo para sutilezas.
Con la dificultad añadida de trabajar con el presente.
Un presente lleno, en urgencia.


Esto no se puede cambiar sin cambiarlo todo.
La equidistancia ecológica.
El consenso verde.
Los accionistas demócratas.
El capitalismo ecologista.
Es inverosímil, es imposible.


La mentira que encubre el sufrimiento
desde hoy hasta el páramo.
Mientras se construye el búnker.
Que nos definan holocausto.
Que nos definan terrorismo.


¡Nostálgico, utopista, ilustrado, sesentayochista, apocalíptico!
Precisamente perverso.
Precisamente en esto que parece tan evidente.
Y es tan profundamente ideológico.
Debe haber alguna rentabilidad
en dejar de existir en el planeta.


Hemos perdido tantas cosas.
Tanto tiempo.
Tantas vidas.
Tanta fertilidad.
Tanta salud.
Tantas especies.
Tantos derechos.
Hemos perdido hasta el relato.
Biodiversidad conceptual.


Los humanos podemos mucho más.
Ampliar lo pensable.
Construir otros modos de vivir.


¿Cómo nos dejamos convencer de que no bastan razones para la acción?
¿Por qué ciegos y relativos?
Preservar esto.
Lo templado.
El lenguaje.
Lo imperfecto también.
Estos seres con relativa conciencia.
Imagínate en medio de una tormenta hace 5.000 años.
Aunque solo fuera por hacer justicia a tantos sacrificios.


El falso crecimiento triunfal sobre la naturaleza.
Como si no fuéramos parte de ella.
En 30 países (no en otros muchos).
En ciertos barrios (no en todos).
En esas casas (no en las cajas de cartón).
Este billete mañana puede no valer nada.
Convenciones convincentes.
Enhorabuena: nos hemos ganado la guerra.


Una humanidad que no se gusta.
Se suicida.
No estamos siendo capaces de más, mejor, para todos.
Pensar persona.
Olvidar las rayas de los mapas
para hablar desde lo más básico
y lo más dentro.


Pensar vida, pensarnos especie todos.
A largo plazo.


Esto no lo cambiamos preocupados precariamente maleducados sin perspectiva.
Calmados con esos objetos brilantes que se despliegan,
enseguida se rayan, enseguida se pasan.
Entretenidos.
Malgastando.
Nos faltan imágenes del bien común.


Las transnacionales colmadas de derechos.
Los gobiernos impunes
No suelen ser muy sensibles a las metáforas.


Tenemos miedo.
A esto se le llama renunciar.
Por mi y por todos mis compañeros.
Y pisamos la flor para no sentirla,
para no sentir nada, nada que nos haga distintos.
todos igualmente incapaces.

Anestesia colectiva ante las vidas,
las nuestras
las de cualquiera,
esas cualesquiera que no podrán llegar.
Como no llegan ellos y ellas,
los que cruzan el mar.


A menos que
Podamos dar sentido a esto de lo humano.
Sin sentirnos elegidos ni trascendentales.
Que seamos felices con menos cosas.
Que constituyamos lógicas,
normalidades distintas.
Que alimentemos las conciencias con posibilidad,
que sepamos compartir, empatizar.
Ser colectivamente ambiciosos de otra forma menos destructiva.
Y con la escala correcta.


Esto está aquí todos los días.
Esto está aquí todos los días.
Y yo puedo hacer algo.
Y podemos.
E incluso los que no quieren
si les forzamos tendrán que poder.
Les vamos a hacer poder.
Esto está aquí todos los días.