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Tras las revisiones teóricas practicadas sobre los discursos de dominación, nos encontramos en la paradójica situación de que somos más capaces de conceptualizar estos problemas y sin embargo no conseguimos dejar de reproducirlos en nuestras prácticas. Hemos alcanzado altas metas teóricas, pero el hábito nos sigue venciendo. Estos hábitos de conducta perpetúan las condiciones de dominación masculina en las que se desarrollan nuestras vidas, escenario en el que aparece como nuevo actor el sujeto (masculino) débil.


Parece pues fundamental llevar a cabo una identificación cuidadosa de dichos hábitos. El paternalismo, especialmente si es sutil en su desarrollo, parece una de las prácticas más comunes de establecimiento de relaciones de dominación-sumisión. Capaz de impregnar con suavidad una violencia constante en el entorno de nuestras vidas, el paternalismo se instala en el infierno de la cercanía, de la familiaridad, y establece un sistema jerárquico de dependencia mutua donde ambos actores están siempre condenados a representar su papel.

La violencia íntima del paternalismo
Proyección DV de 8 fotogramas en bucle
Subtitulado, sin sonido
2002

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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