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Tras las revisiones teóricas practicadas sobre los discursos de dominación, nos encontramos en la paradójica situación de que somos más capaces de conceptualizar estos problemas y sin embargo no conseguimos dejar de reproducirlos en nuestras prácticas. Hemos alcanzado altas metas teóricas, pero el hábito nos sigue venciendo. Estos hábitos de conducta perpetúan las condiciones de dominación masculina en las que se desarrollan nuestras vidas, escenario en el que aparece como nuevo actor el sujeto (masculino) débil.
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La
violencia íntima del paternalismo
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